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Otoño-Invierno de 221

Fecha fijada indefinidamente con la siguiente ambientación: Los ninjas de las Tres Grandes siguen luchando contra el ejército de Kurama allá donde encuentran un bastión sin conquistar. Debido a las recientes provocaciones del Nueve Colas, los shinobi y kunoichi atacan con fiereza en nombre de la victoria. Kurama y sus generales se encuentran acorralados en las Tierras Nevadas del Norte, en el País de la Tormenta. Pero el invierno está cerca e impide que cualquiera de los dos bandos avance, dejando Oonindo en una situación de guerra fría, con pequeñas operaciones aquí y allá. Las villas requieren de financiación tras la pérdida de efectivos en la guerra, y los criminales siguen actuando sobre terreno salpicado por la sangre de aliados y enemigos, por lo que los ninjas también son enviados a misiones de todo tipo por el resto del mundo, especialmente aquellos que no están preparados para enfrentarse a las terribles fuerzas del Kyuubi.
Naturalmente que dos endebles cuerpos humanos, ante las abrazadoras llamas que imitaban la superficie del gran astro, se verían convertidos con instantaneidad en algo aún más etéreo e irreducible que las cenizas.

La gran columna de fuego permaneció durante pocos segundos en la habitación, para consuelo de Kōtetsu quien cubría con su cuerpo a Sepayauitl. El piso cedió y la llama se vio precipitada rápidamente hacia la tierra, cual estrella fugaz, atravesando los numerosos pisos como si no estuviesen allí. Termino llegando hasta planta, en la solitaria área de la cocina, para luego descender hasta el sótano, provocando con su combustión un estruendo que hizo temblar toda la estructura. Y todo aquello duro unos segundos, tras lo cual se hizo el silencio.

Sesekpan se levantó y se apartó, preparándose para una brutal represalia por parte de su oponente; pero aquello que le llego fueron unas palabras neutras y una voz cansada:

¿Qué haces? —pregunto con molestia—. Ya veo… crees que me veré dominado por alguna especie de furia homicida y vengativa… No, la inmolación es una forma de suicidio ritual típica entre los Sarutobi que no pueden vivir con la vergüenza que cargan.

Son parte de tu clan, que odia al mío; por lo que me es difícil creerte —declaro, desconfiada.

Soy un guerrero, no un vengador. Yo peleaba por voluntad de mi líder y de mi clan, como es tradición, pero ahora yo soy ambas y creo que ahora también soy el que toma las decisiones por aquí —Cierto, y ahora no sabía que hacer—. A mí también me cuesta creer que ya no tenga ganas de pelear, pero tengo demasiado que hacer como para lidiar contigo.

Se le veía un tanto apagado, pero no como lo estaría alguien debido al luto o la rabia, sino como una persona que ahora cargaba un enorme peso sobre sus hombros. En su interior, maldijo la debilidad de su familia: su abuelo había sido alguien blando y sin determinación, mientras que su tío-abuelo solo fue un caudillo incompetente y avaro… Además de su padre, que había sido tan débil e irresponsable como para huir de sus deberes por medio de la muerte… Odiaba que la historia de su familia tuviese tantas manifestaciones de aquellos defectos.

Este conflicto tendrá que ser resuelto en algún momento, para bien o para mal, ya sea por tu mano o por la mía.

¡Lo sé! —dijo, mirándola con el respeto que un guerrero le otorga a un semejante—. Pero eso no será hoy, toma a tu hermana y lárguense, necesito pensar.

Haciendo caso de tan oportuna invitación, la nativa se desplazó hacia donde se encontraba su hermana en un instante. Los jóvenes no tuvieron otra opción que entregársela amablemente, para luego ver como se acercaban hacia el balcón para desaparecer, dejando tras de ellas una ráfaga de aire frio.

Luego de aquello, pasaron varios días en los cuales el pueblo se concentró en reparar los daños causados por el asalto. El asunto de los Seltkalt no se mencionó en ningún momento, tendencia promovida por el alto nivel de superstición que era tan natural en aquella población. Ryūnosuke se mantenía en movimiento de un lado a otro, sin darle descanso a su rustico modo de ser. Atendió lo mejor que pudo a los visitantes, pero les exigió que se marchasen lo más pronto posible. Kōtetsu estuvo de acuerdo con aquello, pues ya se había involucrado más allá de lo debido en todo aquel conflicto y quería marchar antes de que algo más ocurriese. Aunque en el fondo no creía que la líder Seltkalt ni el líder Sarutobi harían movimientos ofensivos, creía que había tenido demasiada suerte al salir con vida, y no quería seguir tentando a los dioses.

El mismo vehículo que les había llevado hasta el pueblo fue el encargado de regresarlos hasta el frio puerto. Mientras la negra población se difuminaba en aquel mar blanco, el encargado que les acompañaba les contaba otra historia de la vieja guerra de fuego y hielo. El Hakagurē decidió hacer oídos sordos, pues ya había tenido suficiente de historias. Además, ahora era consciente de que la historia no era como se la habían contado, jamás ninguna historia lo fue o lo será. Las palabras quedan reducidas a meras reminiscencias y el contenido real se fragmenta entre los muchos herederos del tiempo.

Los extranjeros se encontraban esperando a que el buque zarpara, cuando de pronto, frente a los genin apareció Ryūnosuke, con una actitud impaciente y una pregunta un tanto extraña:

He estado averiguando sobre lo que sucedió, y parece que ustedes estuvieron siempre en el ojo de la tempestad, viendo cómo se desarrollaba todo —Lucia reflexivo y atento—. Díganme, habiendo sido testigos externos, ¿Qué harían ahora? Digo, ¿qué acciones tomarían si ahora estuviesen en mi lugar?
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Después de la inminente manifestación de la luz, el brillo que nos cegaba cedió dejando visible una columna de llamas, flamas que abrasaban los cuerpos de la antigua generación Sarutobi, sus presencia fue reducida en pocos segundos, y lo único que quedo presente fue la torre flamígera; y pasó como lo temía, el piso terminó por ceder a tales cambios de temperatura y el fuego que descendió, bajo hasta que dejé de escuchar como seguía perforando cada piso del hotel.

—Quién diría que terminaría así...— Dije con cierto asombro.

Entonces caminé lentamente hacia el agujero de la sala de conferencias, quería ver hasta donde había caido aquella colummna de fuego, pero antes de que llegase al hueco, un gran estruendo se escuchó y vibró toda la estructura, mis piernas no soportaron tal magnitud y terminaron por derrumbarse, caí sobre mis glúteos y me mantuve ahí hasta que el movimiento pasó, miré a todo los demás, todos nos quedamos en silencio.

La líder de los nativos se puso de pie, observó a Ryuunosuke, esperando su reacción, su ataque, su furia, todo lo que la muerte de sus únicos familiares podría significar para él; pero todo el panorama cambió, él simplemente comentó que era algo de lo más normal en su clan, una tradición típica de ellos, todo parecía que el enfrentamiento había culminado con aquel inesperado suceso. Sesekpan incrédula quiso asegurarse de ello, mencionando el odio que ambos clanes tenían entre sí, a lo cual el joven Sarutobi respondió que debía pensar como líder, puesto que ahora lo era, la batalla había terminado y punto final.

El pelinegro se notaba un tanto confundido, seguramente en su interior tenía una revuelta de sentimientos encontrados, nuevamente; sentenció que podían irse y así lo hicieron, ahora sí que todo había terminado.


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Tras varios días por fin todo había vuelto a la "normalidad", habían muchos daños, cosas por reparar y demás, el verdadero motivo de la invasión Seltkalt no salió a la luz y en cuanto Ryuunosuke pensó que era lo mejor nos indico que era momento de marcharnos; era la única oportunidad que quería escuchar, Haze y yo no tardamos en recoger todas nuestras pertenencias y nos montamos en el trineo lo antes posible, claro en compañia de Koutetsu, Naomi y los demás que se marchaban de la isla. El trayecto de regreso fui igual que al inicio, una gran historia de la cual no sabía sí dudar, después de lo vivido preferí creer cada una de sus palabras.

El mar estaba finalmente ante mis ojos y en cuestión de minutos zarparía el barco, solo debíamos esperar un poco más. En un momento inesperado el mismisimo Ryuunosuke se plantó ante nosotros:

He estado averiguando sobre lo que sucedió, y parece que ustedes estuvieron siempre en el ojo de la tempestad, viendo cómo se desarrollaba todo. Díganme, habiendo sido testigos externos, ¿Qué harían ahora? Digo, ¿qué acciones tomarían si ahora estuviesen en mi lugar?

—Esto...— La pregunta me tomó por sorpresa y entonces pensé rápidamente.—Quizá podría devolverle las tablas de las que hablo Shinda, algo que es muy importante para su gente...

—Dejen sus diferencias a un lado, creen una relación de paz entre ambos clanes dejando atrás todo lo del pasado, tengan un nuevo inicio; han compartido estas tierras por bastante tiempo y no dudo que lo sigan haciendo ahora, es mejor que lo hagan pacificamente.
Hablo - "Pienso" - Narro
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Byakugo no In: Inicio 19/04/2018

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Allí, en aquel puerto a medio congelar y frente a la fría inmensidad del mar, aquella pregunta se antojaba como algo casi imposible de contestar… Y sin embargo, Keisuke y su hermano se atrevieron a responder lo que sus mentes guardaban al respecto. Kōtetsu no estaba seguro de que tan buena seria su respuesta, pero si había algún momento en que su opinión pudiese marcar la diferencia, era aquel, por lo que sentía que debía aprovecharlo.

Yo creo que no puedes ni debes tratar de borrar el pasado, sino aprender del mismo —aseguro, con cierta sabiduría juvenil, aquella donde las soluciones son sencillas—. Además de eso, creo que lo que más necesitas es paciencia y serenidad… Digo, para ir encontrando tus propias respuestas, poco a poco.

El Sarutobi les observo de forma criptica y atenta, para luego dejar escarpar un rustico y cansado suspiro. Lo cierto es que no esperaba una solución a todos sus problemas, pero aquellas palabras le daban una pista del sendero por el cual debía encaminarse. Desde hacía unos días le resultaba sorprendente el poder de los grupos y el tiempo: él siempre se había valido del poder y de sus decisiones individuales, y ahora estaba atado a un compromiso que le superaba en todas las dimensiones de su condición humana. Y aquel par le resultaba algo curioso, le recordaban la vieja filosofía de su clan, la de la Voluntad del Fuego, donde la unión era la fuerza.

Bueno, no es mucho, pero es lo más útil que me han dicho desde hace días —aseguro, con cierto tono de gratitud, pero sin dejar a un lado su natural arrogancia. De pronto, giro su cabeza como si escuchara algo, se tensó un poco y luego se relajó—. Hay mucho por hacer, así que les dejo. Que tengan buen viaje.

Y con aquella seca despedida, se retiró.

Es hora de irnos, mi señor —le indico Naomi, quien atendía a las presurosas señas de los encargados del barco.

El abordaje seria rápido y sin complicaciones, y puede que, con la altura que obtenían al subir a cubierta, ambos chicos pudiesen distinguir un par de pálidas figuras que se recortaban contra el horizonte. Una era alta y la otra baja, ambas se difuminaban por momentos, pero se mantenían estáticas observando en dirección al muelle y mas allá, hacia el mar.

***

Después de un viaje tranquilo, la nave desembarco en el cuerpo principal del País del Agua. Aquel era el sitio en el que todos se habían reunido, y donde todos habrían de tomar caminos distintos. El itinerario resultaba ajustados para todos los extranjeros, pero eso no podía evitar que una leve conversación tuviese lugar mientras descargaban el equipaje.

Estas no fueron las vacaciones que tenía en mente —le dijo el peliblanco a Keisuke—. Sin embargo, creo que podemos considerarnos afortunados por el simple hecho de volver con vida.

»Aunque…, las cosas terminaron de una forma un tanto extraña, me hace preguntarme como les ira de ahora en adelante… Dime, Keisuke-san, ¿te crees capaz de regresar algún día a ver cómo van las cosas?
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Koutetsu fue el tercero en intervenir: —Yo creo que no puedes ni debes tratar de borrar el pasado, sino aprender del mismo. Además de eso, creo que lo que más necesitas es paciencia y serenidad… Digo, para ir encontrando tus propias respuestas, poco a poco.

Tras la declaración del moreno hubo un silencio un tanto incómodo, Ryuunosuke estaba interpretando lo que expresamos, así pasaron un par de segundos hasta que finalmente suspiró con cierta resignación. —Bueno, no es mucho, pero es lo más útil que me han dicho desde hace días — expresó con tono de gratitud, mas, seguía con su actitud arrogante—. Hay mucho por hacer, así que les dejo. Que tengan buen viaje.— Y sin más se retiró.

Es hora de irnos, mi señor — Manifestó la acompañante del peliblanco.

—Sí, adiós, un gusto haberte visto.— Comenté con tono de disgusto e infantil a la vez.

—Vayámonos, Kei-chan.

Abordé el barco en compañía de Hazegawa, Koutetsu y Naomi. Le dí un último vistazo a aquellas tierras gélidas, era una especie de despedida interior, hasta que me percaté de su presencia, le hice una seña al espadachín para indicarle, aunque parecía que él también lo había notado.

Levanté mi mano y la moví en señal de despedida, seguramente me verían.

"No esperaba que vinieran..."

...

El arrullo de las olas del mar llegó a su fin cuando el barco se detuvo en el puerto del País del Agua, ahora era un hecho de que habíamos dejado atrás las Llanuras del Hielo.

Estas no fueron las vacaciones que tenía en mente —me dijo el peliblanco —. Sin embargo, creo que podemos considerarnos afortunados por el simple hecho de volver con vida.

—Supongo que fue una sorpresa para todos.— Comenté mientras mis orbes se posaban en el horizonte. —En eso tienes toda la razón, después de que surgió todo el rollo de los Seltkalt era raro el momento en que no pensaba en que podría morir...— Suspiré —Morir tan lejos de mi país, de mi hogar, lejos de mi familia, sólo... Es triste.

»Aunque…, las cosas terminaron de una forma un tanto extraña, me hace preguntarme como les ira de ahora en adelante… Dime, Keisuke-san, ¿te crees capaz de regresar algún día a ver cómo van las cosas?

—Con sinceridad, Koutetsu, pasará un buen tiempo para que piense en volver, no puedo asegurar que no volveré nunca, pero sí podría decir que tendría que pasar bastante tiempo, ¿y tú?— Le pasé la bola para escuchar su declaración.

Sin embargo, la conversación no podría durar mucho tiempo más, Haze se acercó a mi, anunciando: —Ya tengo nuestro equipaje, es hora de marcharnos.— Sentenció.

—Es una pena.— Dije a Koutetsu. —Espero que nos veamos de nuevo, hasta luego, Koutetsu.— Levanté mi mano para dar un apretón de mano de despedida.

—Nos estamos viendo !— Entonces el ojiblanco me agarró de la mano y apresuró a que nos marchásemos, puesto que teníamos otro barco que abordar.
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Supongo que fue una sorpresa para todos.— Comento mientras sus orbes se posaban en el horizonte. —En eso tienes toda la razón, después de que surgió todo el rollo de los Seltkalt era raro el momento en que no pensaba en que podría morir...— Suspiro —Morir tan lejos de mi país, de mi hogar, lejos de mi familia, sólo... Es triste.

En parte te entiendo, Keisuke-san, también era triste la parte de quedar convertido en un sirviente no muerto —admitió, con cierta nostalgia—. De momento me han invadido una enormes ganas de regresar a mi pueblo y asegurarme de que todo este como lo deje, para disfrutar de su paz y compartir con su gente.

Con sinceridad, Koutetsu, pasará un buen tiempo para que piense en volver, no puedo asegurar que no volveré nunca, pero sí podría decir que tendría que pasar bastante tiempo, ¿y tú?

Yo tampoco creo que vuelva en mucho tiempo, pues no solo resulto ser un lugar problemático, sino que a la hora de la verdad no fui capaz de defenderme por mi mismo…

Habían ocurrido muchas cosas y habían aprendido bastante: sobre como la historia se puede difuminar con el pasar el tiempo; sobre como el odio puede transmitirse a través de generaciones; sobre como existen diferencias que son insalvables. También había aprendido mucho sobre el valor que tenía la fuerza y el buen juicio; de lo poderosos que eran juntos y lo terribles que eran por separado.

Es una pena.— Dijo a Koutetsu, mientras su hermano señalaba el momento de irse. —Espero que nos veamos de nuevo, hasta luego, Koutetsu.— Levanto su mano para dar un apretón de mano de despedida.

Yo también espero que nos veamos alguna otra vez, Keisuke-san, me debes una revancha en aquel juego de raqueta —señalo, con una tenue y amigable sonrisa. Correspondió con firmeza el apretón de manos, para luego separarse y agitarla en el aire a manera de despedida.

Ha sido un verdadero placer, les deseo buen viaje —dijo Naomi, despidiéndose cortésmente.

¡Una cosa más, Keisuke-san! —exclamo, cuando ya se encontraban a cierta distancia—. ¡Recuerda lo que aprendimos: hasta la historia más popular, folclórica e increíble encierra un poco verdad, y puede que mucho de mentira!


Y con esto hemos terminado xD

Gracias por haberte quedado hasta ahora, Keisuke.

Si gustas, ya puedes pedir la jugosa exp.
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